sábado, 1 de mayo de 2010

Rayos y truenos


¡Qué vida tan apropiada ésta, que me permite escribir sobre cualquier otra más o menos apropiada en el plano finito y excitante de la hoja en blanco y la musa en ciernes. ¿Para cuándo las vivencias? ¿Para cuándo una aventura de soltero acuciado por la prisa repentina de vivir? Ahora que ya están todos rendidos, amilanados, enamorados de mí en espirales de temblor, a horcajadas sobre su miedo irresoluto, alejados del centro y la neutralidad plomiza, ¿de qué o de quién me cuelgo yo? ¿Con qué minucias distraigo mi poesía traicionera para que permanezca junto a mí lo que tarda siquiera en sucumbir un verso? En esta empresa azarosa de palabras sueltas que justifican párrafos que justifican libros que justifican hombres, ¿de qué o de quién coño me cuelgo yo? ¿A quién doblego y me doblego? ¿De cuánto tiempo dispongo hasta el advenimiento de la última catarsis, después de la cual no habrán ya más letras ni justificaciones ardientes? Temo la sequía más que a la muerte, el mediodía apaciguante más que a la noche hostigadora de entrañas. Y ni los amantes me hacen escribir, ni la obscenidad manifiesta de un desastre elegido a propósito me enerva como antaño lo hacían las mentiras, las verdades esgrimidas de soslayo y a ciegas, las confesiones edulcoradas de nocturnidad, las anécdotas oblicuas y calculadas, las conjuras del desseo.
¡Ah, la incertidumbre! Me quiero tanto que también ésta ha acabado por dejarme indiferente. Si no me aman, viento fresco; si no me admiran, que les jodan a todos; si mis letras pasan desapercibidas, más desapercibidos pasan ante mis ojos sus tiranías de niños mediocres (¡niños mediocres, qué infamia!) encaprichados de la aprobación de sus mayores. Eres un buen hijo, sí; buen ciudadano, seco y templado triunfador, pieza prefecta en el puzzle de lo que debe ser y así será por los siglos de los siglos amén. ¡Ja! ¡Que os jodan a todos, criajos malnutridos y equilibrados! Heme aquí, con mi locura y mi envidia y mi impotencia a chorros de no sé qué, con mi sublimación a falta de otra cosa, con mi dolor quedo quebrándome el pecho, con mi rabia y mi encabronamiento y la madre que me parió igual de guapa y de insoportable que siempre.
Y sí; soy una envidiosa, una traicionera, una sin principios, una mujer de pocas y malas palabras. Rompo promesas a la par que poesías, con la misma vergüenza y el mismo cargo de conciencia de un niño que acabara de descubrir lo placentero que es pasarse las leyes de Dios y de los hombres por el mismísimo forro de los cojones. Me cago en Dios, sí; me cago en Dios y le venero. Sólo me han educado para amar en la antítesis, en la lucha, en el cuerpo a cuerpo del maestro y del discípulo puteado, que parece que vence pero que es vencido, y que si triunfa lo hace sólo por casualidad, con el desapego y la inocencia propios de quien no sabe que lo que está haciendo trascenderá y será reconocido. Aunque, ¿qué coño es el arte sino una casualidad, una cadenita de yo quise hacer y en cambio y al tratar de, y mira tú por dónde pero te juro que yo no sabía lo que quería decir hasta que al final, y como por arte de birlibirloque, se reorganizó todo de repente y chico, ¿sabías que yo soy mi primer lector? A la mierda esos lugares comunes, a la mierda la leyenda del poeta- instrumento poseído por un Dios taumaturgo con vocación literaria. El azar es lo que concede el arte a la deriva del pensamiento, lo que premia y justifica la incertidumbre asumida por aquél que ha elegido la poesía para enamorarse de sí mismo. ¿Por qué escribo? Hace un añito habría dicho que porque si no escribiera me volvería loca, que la poesía es mi único anclaje con el mundo y qué se yo qué más tonterías blasfemas con las que quedar como Cristo. Pero ahora que soy una mujer más libre preguntádmelo de nuevo, preguntádmelo. Decidme: ¿por qué escribes, muñeca? Y yo, con la más serena y peligrosa de mis sonrisas –esa que es casi una mueca- os diré que ESCRIBO PARA DISPUTARME CON DIOS EL AMOR DE LOS HOMBRES, QUE ESCRIBO PARA VOLVEROS A TODOS LOCOS DE AMOR Y JODEROS, AHÍ SÍ, CON MI AVALANCHA DE MAESTRÍA Y SUPERIORIDAD SIN LÍMITE.

3 comentarios:

desastre manifiesto dijo...

...Pero escribes, y eso ya es una distinción; y podemos, con la ineluctable virtud de nuestra pluma, ejecutar una venganza o brindar un galardón.

Escribir es un privilegio que no podemos dejar que nos arrebaten.

eneritz dijo...

solo escribes para los hombres???me enkanto lo de "las confesiones edulcoradas de nocturnidad, las anécdotas oblicuas y calculadas, las conjuras del desseo...
pero en general peka demasiado d narcisismo...

un ser obvio dijo...

bastante bien, pero le sobran indolencia y narcisismo.