jueves, 18 de junio de 2009

RaBiEtA


Tengo ante mí una botella de vino medio vacía, pues hoy estoy pesimista, un libro insoportablemente aburrido de Guillermo Cabrera Infante y un par de revistas de cine que he leído más veces de las necesarias. Mi estado es algo problemático, pues por un lado podría decirse que no tengo ganas de hacer nada en absoluto, y por otro es evidente que me muero por que pase algo que me saque del estupor en que me encuentro sumida. He probado, para salir del trance, a fantasear sexualmente con los seres humanos al alcance de mi vista, pero o son todos demasiado engendros o yo me he vuelto demasiado frígida, porque por más que lo intento no consigo que se me levante. Si fuera hombre, cosa acerca de la cual albergo serias dudas, podría echarle la culpa al vino que llevo encima, que no es poco, pero mi condición de hembra a regañadientes me veta el empleo de excusas del calibre. Me gustaría decir que tengo ganas de follar, de escribir o de matar, pero como no es el caso y ya miento bastante en la vida oral, por esta vez haré un esfuerzo de honestidad y me limitaré a revelarme como la mujer aburrida de sí misma que soy, o que estoy.
Antes he visto una película que me ha hecho llorar y por un momento me he sentido viva, pero como el arte no es en el fondo más que una forma de evasión como cualquier otra, el efecto ha pasado pronto y vuelvo a mis andanzas de furia y desmotivación. La película se trataba, por cierto, de El espíritu de la colmena.
En ocasiones me parece absurda esta forma equívoca de comunicación que se establece a través de blogs y similares. Yo te contesto, tú me contestas, y juntos nos corremos de gusto erotómano y autosatisfecho. Excepto el Dr. Krapp ninguno ha pasado la prueba del algodón, y eso me hace plantearme si el que alguien te escriba una monería afable no depende más del hecho de que tú cumplas con tu parte del trato que de cosas como que la literatura que generas les diga algo. Como la respuesta la sabía ya de antemano, esto no es más que un párrafo retórico que introduzco con ánimo de provocar y con la certeza de que nadie, excepto el susodicho (un besso para él) leerá. ¡A la mierda Internet y sus sagradas vacas! ¿Quién las necesita? Debería darme de collejas por no haber tenido en cuenta que la red global, como todo en esta vida sucia y desprovista de chispa, se fundamenta en correspondencias y cortesías de baratillo. Como la cortesía es algo que, a despecho de la educación recibida, no se me da demasiado bien, permitidme que sin más preámbulo, y con ánimo de ofender, os mande a todos a tomar por culo.
Quizá debiera abandonar la literatura, o aplazarla hasta que encuentre, en mi realidad cotidiana, un motivo por el cual perpetuarla que no sea el de la desidia, asumida de antemano, de que todo y todos me aburren hasta la desdicha. Como ahora, que estoy aburrida y escribo, que estoy desesperada y escribo, que estoy maltrecha y escribo sobre mi aburrimiento, mi desesperación y mi maltrechez a prueba de optimismos sin que por ello, ni aunque lo generado alcance a satisfacer la más superficial de mis egolatrías, me sienta más artista que cualquiera de vosotros, cucarachas.
Estoy escribiendo una novela que, por segunda vez en mi vida y sin que sirva de garantía de nada, me satisface. ¿Y qué? Por encima de mi creatividad, y aunque me duela, están mi ira y mi tendencia al melodrama, y aunque trate de forzar ese estado que, por no se sabe qué conjunción de conjunciones, me permite escribir sobre personajes ficticios, lo cierto es que si éste no me es dado por inspiración divina, o demoníaca, ninguno de mis esfuerzos consigue evocarlo con la presteza necesaria como para hacerlo prolífico. ¡Palabras, palabras, palabras, palabras! Quisiera trascender la palabra y quedarme indefensa y en bragas ante la imagen, el aroma, el sonido exacto. Pero entre lo que quiero decir y lo que digo, entre el referente y lo referido, hay un abismo tan grande y tan solitario que en ocasiones trastabillo y caigo, ¡oh, malditos y miopes voyeurs!, sin lograr siquiera el privilegio de la ambigüedad. Si el público no me fuera tan necesario y el escribir supusiese, más que ninguna otra cosa, una toma de contacto conmigo misma y con mis intimidades, ninguna de estas tribulaciones tendría el menor sentido. Pero el caso es que el hambre de público, de espectáculo y de mediática repercusión contamina, si no mis contenidos, sí en cambio mis intervalos y mis períodos de entrega, haciendo que a mi pesar, y por mucho que trate de evitarlo, sacrifique el esmero en favor de no sé muy bien qué cosa relacionada con el aplauso.
Ahora que ya he vomitado estoy más calmada y contenta. El asco se ha esfumado y, con él, las náuseas generadoras de textos que no van a ninguna parte. ¡Salud, mis contritos! ¡Y que os aproveche!

13 comentarios:

Dr.Krapp dijo...

Te estoy agradecido aunque lo pongas realmente difícil con esa manía de cerrar todas las salidas posibles para perder de vista ni la más pequeña gota.

Dr.Krapp dijo...

no perder

Lula Lestrange dijo...

Mmmm... ¿what?
No sé si es que hoy estoy especialmente espesa, pero no sé muy bien a qué te refieres.

Un besso,

4ETNIS

PD: gracias las tuyas, morena ;)

Dr.Krapp dijo...

No tiene importancia, si las cosas no se pillan a la primera es que seguramente no son lo suficientemente interesantes.

Brick de garbanzos dijo...

En términos generales el blog es como el fotolog y el myspace (que de lo otro ya no he tenido por saturación masiva de estupidez desproporcionada e inconmensurable). Una excusa muy buena, a veces, para follar. Porque a quién no le han dicho nunca ese: joderquebienescribesquitameyalaropaquemequemaenlapiel.

Aunque todo esto lo sé de oídas, porque yo soy puritano. De puro y ano.

Otro dijo...

La auto-aceptación es un vital punto de partida que posibilita entre otras cosas, el aceptarnos a nosotros mismos. Esta no significa abrazar nuestras neurosis y malos hábitos, celebrándolo como si fuesen virtudes. Al contrario, esta implica aceptar verdades dolorosas propias. Nos ayuda a abandonar el disfraz y dejar de caer en la tentación de ser falsos respecto a nosotros mismos de cualquier modo.

Hank dijo...

A la mierda.

Babilonio dijo...

Bonita rabieta, me la pido.
Un saludo

Lula Lestrange dijo...

Dr. Krapp:

Eso que se lo digan a los infantes que tienen problemas con las matemáticas y la física.

Brick de garbanzos:

Nunca he entendido por qué las personas necesitan buscar excusas para follar.

Otro:

Y de ese modo, mi literatura no es más que una terapia diseñada por y para mí misma. Me creo mis propias mentiras, a la par que invento otras nuevas y de calidad superior. ¿No es encantador?

Hank:

Mierda somos, y en mierda nos convertiremos.
Ni Fernando Fernán Gómez lo hubiera dicho mejor.

Babilonio:

Lástima que ya esté cogida

Bessos para todos,

4ETNIS

Raúl dijo...

¿El vino era de calidad, o cabezón?.
Esta gilipollez que acabo de comentarte, no requiere, ni merece, correspondencia a modo de comentario. que conste.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

El arte es una forma de evasión, pero nos va a sobrevivir a todos, y puede cambiarnos en vida..

Anónimo dijo...

Pues otra mente inestable a la vista, encima dice ser psicóloga, y para rematarlo, se cree muy mujer por tener un buen par de tetas. Jajajajaa...

Eres mona! Sigue así chica Tinky Winky xD

Hedda dijo...

Con mi propia botella medio llena (que ya es algo) y después de algun intento de orgasmo con Erika Lust (frustado por insípido), me doy de bruces con mi propia catarsis escrita por otra. Te aplaudo aunque sólo sea porque tienes los cojones de publicarlo y mandarme, a priori, a la mierda.