viernes, 3 de octubre de 2008

Friday 03 Night Fever

Incluso aquello que más me gusta, me gusta con prejuicios. El hecho de que en estos momentos me encuentre escribiendo en el bar donde empecé la novela, y de que como hilo musical hayan decidido pasar de la canción ligera americana al reggaeton más salvaje y perruno que imaginarse pueda, constituye una metáfora perfecta de esta afirmación. La primera idea que se me ha cruzado por la cabeza es dar media vuelta y largarme a un lugar más tranquilo, pero ha sido esta palabra, tranquilo, la que finalmente me ha impulsado a quedarme. Al fin y al cabo, a lugares tranquilos va a escribir justamente el tipo de individuo al que evito a toda costa parecerme. Si quiero escribir algo genuino, ¿qué mejor que hacerlo en lugar por completo inapropiado para ello? Además, este bar de sillones tapizados en verde (de esos que tanto me gustan porque me recuerdan el interior de los buques de lujo) es para colmo el emplazamiento donde me convencí de que, efectivamente, no existe ni debe existir nada indescriptible sobre la faz de la tierra para aquel que se confiese escritor. Y para los que me pregunten si se puede, por ejemplo, describir un orgasmo, sólo decirles que de hecho, el que no se pudiera describir un orgasmo significaría que nada puede describirse en realidad mediante la palabra, porque el escritor, como cualquier ser humano, cuenta con el marco de referencia de lo ya conocido para hacerse entender por los otros. Entendemos la descripción de un árbol porque estamos acostumbrados a verlos y a interactuar con ellos y, de no ser así, nos resultaría muy difícil empatizar con expresiones literarias tales como "frondosidad", "bucólico atardecer", "sol filtrándose entre las hojas como a través de una cortina en cortocircuito", "adolescente cobriza y dorada tendida a la sombra, bocarriba y con los brazos estirados por encima de la cabeza, guiñándole un ojo al muchacho que separa el ramaje con las manos para observarla mejor y más de cerca". Así, aprovecharemos las descripciones de árboles y de clímax sexuales en la medida en que previamente hayamos experimentado unos y otros.
No sé si habrá sido por casualidad o porque el encargado de la música se ha conmovido ante mi ordenador y mis pintas de intelectual loca y salida, porque de repente se han sucedido en el reproductor "Sweet Home Alabama", "Satisfaction" y "Bad" eliminando a su paso todo rastro de inmundicia melódica (y ahora, un guiño para mi amor: ahora mismo suena I kissed a girl"). Así, lo que me gustaba con prejuicios se aproxima poco a poco a ese peñasco notable que es el sobresaliente.
Hacía tiempo que no disfrutaba de un rato de soledad positiva, y la verdad es que lo estoy aprovechando. He recorrido la ciudad a trote ligero y estrenando nuevo maquillaje color pálido cadavérico, he sorprendido mi reflejo en un escaparate y me ha devuelto la mirada una vampira de labios rojos y mirada oscura y fulgurante. Ahora que vuelvo a tener portátil es una suerte que comience el frío, porque así no me distraigo tanto paseando.
Supongo que sólo una cosa me gusta sin prejuicios, y ese es mi amor. Hoy le he estado observando dormir y no he podido evitar cubrirle el cuerpo de bessos, tan indefenso e inmaculado se me antojaba enroscado sobre la cama. Su respiración de bebé, el calor que emitía su cuerpo, sus labios fruncidos en una o carnosa y comovedora. Sólo él me gusta sin prejuicios, y ni siquiera el aburrimiento logrará hacerme dessear cambiar ni una sola de las facetas que le configuran: su fuerza en ocasiones egoísta, su miedo a lo viejo y a la desintensidad, su tendencia a la quimera y la fabulación fantástica (a las cuales yo también tiendo, como no podía ser de otra manera), la curva aterciopelada que conecta el epicentro de su labio superior con su nariz fría y como de lobato, su manera enroscada de dormir y el modo urgente en que dessea y precipita el sexo. En ocasiones le odio, claro, pero incluso odiando soy inconstante y ni por esas consigue gustarme un poco menos. Que muchas veces, por comparación y ya que hablamos de cosas odiosas, el resto de la humanidad me parezca pueril y sin sustancia, es sólo un efecto secundario de lo que implica trabar amistad con él. En el fondo, no me quejo.
Me acabo de comer una galleta salada y, no sé por qué, he pensado en naves espaciales de combate y en batallas contra los marcianos. Esa, y la de cazar dinosaurios, constituyen el grueso de las que vienen siendo mis fantasías recurrentes desde hace muchos años. Supongo que el infantilismo de las mismas es evidente: salvar el mundo, ser aclamado como un héroe, usar uniformes sexys ajustados al cuerpo e insignias militares sobre los pechos turgentes, contemplar la mezcla de aflicción y orgullo de tus seres queridos al despedirte... En fin, soy una persona bastante infantil e insoportable y el contenido de mis delirios da muestra de ello. Quizá algún día haga una película... o escriba una novela. Hasta entonces me distraeré flipando videoclips mentales sin escatimar en medios y en efectos especiales. Las novelas han de gestarse primero en la cabeza, y dejar que poco a poco contaminen las manos con ideas imperativas acerca de la narturaleza subjetiva de las cosas. Y mi subjetividad, más que ninguna, es del todo particular.
Suena Love is in the air y me entran ganas locas de suspirar. No soy tan loba como me pintan...ni como me pinto (Unifiance de la Roche nº 01 como fondo de maquillaje, khol negro melaza de Bourjois y rojo oscuro nº 10 de Sephora como rouge de labios). Alguien capaz de colocar con blue tac sobre la pared una postal de dos pastores tendidos boca abajo sobre el prado, con la inscripción "Amor, dulce conjuro, de lo sublime y puro", o bien es un sensiblero de cojones o bien peca de una ironía de exquisito mal gusto con la que es del todo recomendable identificarse. En cuál de los dos perfiles encaja mi personalidad, lo dejo a juicio del afortunado lector, que a estas alturas se habrá podido hacer una idea más que aproximada de mi tendencia a extraviarme en asociaciones de ideas y en filosofías de callejón (sin salida, se entiende).
El fin de la batería de mi portátil marca el desenlace de este texto preliminar de desahogo. Doy gracias a Dios por la palabra, por la electricidad y por el desseo. A los Hombres, por el alcohol y por los quebraderos de cabeza. Después de todo, ¿qué coño - aparte de manuales de instrucciones- podría escribirse en un mundo perfecto y en completa armonía?

5 comentarios:

Hank dijo...

Cuando escribes así es fácil vivirte y disfrutarlo.
(Muy buenas la reflexiones sobre los marcos referenciales.)

Lula Lestrange dijo...

Desde que poseo nuevo portátil, después de haberme visto privada del anterior tras cometer el descuido imperdonable de pulverizar de un pisotón el monitor, trato de reencontrarme conmigo misma del modo que mejor me funcionaba. Recorrer la ciudad en soledad y dejar constancia de lo que vivo, y de lo que no, es la variante más poderosa de esa manera de hacer las cosas que había extraviado en parte.

Veo que has cambiado de foto... (¿para cuándo un tête à tête?).

Bessos nocturnos,

4ETNIS

El Chamuio dijo...

ok. soy sho guapa, pasaba de casualidad como suceden las cosas en la web. Veo que Madrid no ha cambiado mucho. No puede haber mejor radiografía que las suyas.
lula lestrange??? jajajaja
Tengo licencia de reirme un poco de vos...y aun de mí.
Desde hace unos años navego en la cresta de un viejo sueño, espero no estar pronto a agotarme... luego solo vacío me espera.

Lula Lestrange dijo...

¿Incluso bajo la máscara de Lestrange me reconoces? Tú siempre has tenido facilidad para orientarte en laberintos, pero esto es demasiado incluso para un minotauro... Jajajajaja

En ocasiones me pregunto si existen realmente las casualidades, o si no son más que esfuerzos inconscientes de los seres humanos por reencontrarse una y otra vez.

,osseb nU

SINTE4

Unknown dijo...

Precisoso, corazón...
Como siempre a la eternidad...
La soñabamos, casi es nuestra, y somos jóvenes...