sábado, 24 de enero de 2009


Ayer estuvimos en casa de unos amigos que se acaban de ir a vivir juntos. A la fiesta acudió también nuestro amigo Alfredo, que vive en pareja desde hace cosa de un año, y nuestro amigo Carlos, que nos comunicó sus planes de boda para el próximo septiembre. No sé si es cosa mía, pero el hecho de que la mayor parte de nuestros amigos vivan con sus respectivas y de que incluso uno de ellos vaya a casarse en menos de un año, me hace sentirme mayor y un poco preocupada. Aunque es evidente que las cosas dejaron de ser lo que eran hace ya bastante tiempo, y que si no he caído antes en la cuenta ha sido por ceguera voluntaria y paliativa, he de confesar que no me hace ninguna gracia toparme de golpe con la versión adulta de aquellos muchachos que bebían kalimotxo tirados en parques, deseosos de dominar el mundo y sin saber ni por asomo lo que el futuro les deparaba. No voy a empezar a meterme con ellos, ni con sus novias, ni con sus estilos de vida. De lo que estoy hablando es de la experiencia subjetiva del cambio, sobre todo cuando el cambio viene de fuera y es experimentado por terceros. Lo que veo no me gusta, no me gusta en absoluto. ¿Cómo una persona de veintiséis años, que hasta hacía más bien poco soñaba con ser un músico famoso y revolucionar el mundo del arte, se compra una casa de protección oficial en el culo del mundo junto a una sosainas vulgar y sin conversación, que en toda la noche no se toma una sola copa y apenas hace otra cosa que asentir estúpidamente? Y nos hablan de embrollos vecinales, y se besan y sonríen cómplices cuando alguien les dice lo bonita que es la casa o lo guay que es el que se hayan independizado. Y entonces va Carlos, se levanta del sofá y afirma tener algo importante que anunciar. Se casa con Elena en septiembre. Ya lo sabíamos todos, esa es la verdad, pero supongo que en el fondo conservábamos la esperanza de que recapacitara y huyera de la vera de esa arpía acomplejada con la que vive, antes de que fuese demasiado tarde y ésta le hubiera cortado las pelotas. Pero no huyó, y ahí le tenemos, defendiendo la existencia de Dios y la candidatura de McCain. No conforme con castrarle para los restos, le ha convertido al catolicismo. Qué bonito. Igual de bonito que su empleo en Leroy Merlin, y que su impulso juvenil de ponerse de repente a estudiar a distancia Filología hispánica. Me pregunto cuántos hijos llegarán a tener. ¿Catorce? ¿Veinticinco? En fin… y yo que había dicho que no iba a meterme con ellos ni con sus motivos. ¡Bah! A la mierda los buenos propósitos. Todavía me queda Alfredo y ahora que he empezado no voy a parar. Alfredo… mi querido Alfredo. Nos saliste rana, muchacho, nos saliste pez. Has querido ser tantas cosas, has empezado tantísimos proyectos, has soñado con tan vertiginosas cumbres… ¿y todo para qué? Para acabar viviendo con una mujer que te tuvieron que presentar dos veces, porque aunque incluso te habías enrollado con ella en una ocasión, la indiferencia que te había causado era grande hasta el punto de hacerte olvidar su rostro. Para eso y para refugiarte en la ciencia ficción, el frikismo y el mundo de la cultura a falta de (ya que eres pez, y pez político además) un par de buenas agallas que permitan que seas tú mismo el que genere arte o el que inicie revoluciones. Háblame de cómics, háblame de los muñecos articulados que te compras, háblame de Chuck Palahniuk y de su literatura grotesca mientras me miras las tetas y oteas el móvil de reojo por si Paula llama. Cuéntame que has estado en Florencia y que has visto museos, cuéntame que has viajado a Berlín y que has ido a una exposición sobre el holocausto. Eso sí, no me cuentes nada de tu vida, de tu vida íntima y secreta, de esa que sólo tú conoces y que serías incapaz de admitir ante nadie que no fueras tú mismo, y ni por esas. No me hables de tu frustración, no me hables de tu complejo de héroe cobarde. De eso no, no vaya a ser que tu mundo perfecto y estéril se tambalee y se nos caiga sobre la crisma en una noche tan especial como ésta, en que de nuevo estamos todos reunidos.

8 comentarios:

Brick de garbanzos dijo...

AJAJ
cuando hablas del chico que te cuenta que se compra muñecos es como si te viera con un hacha. Parece que los puñales te sientan pequeños :P

Omega lleva hacha(e)! ui! que no. Es que el griego lo llevo mal.

Lula Lestrange dijo...

Lo más triste de todo es que ya no tengo ganas ni de desmembrarlos. El texto, a pesar de lo que parecer pueda, está escrito sin ira alguna.
Si te ha hecho reír, me doy con un canto en los dientes.

Un besso,

4ETNIS

Flex dijo...

Resulta usted divertida y brillante. Pero… ¡qué dura con sus semejantes!

Diría más: ¡Implacable con colectivos, conocidos, amigos, desconocidos, estereotipos…!

En todos sus relatos hay una dureza jocosa, pero dureza al fin y al cabo.

Entiendo ahora que no encuentre rivales dignos. ¿Quién podría batirse con usted sin quedar extenuado?

Su listón no parece superable ni siquiera para Goliat.

En fin, yo si entiendo a esos amigos (o personajes) que describe, claudicando ante la convención.

Si el talento artístico o los ideales se resisten (o hacen sufrir) mejor tener algo, una esposa, una casa, una hipoteca, un coche, unos churumbeles que cogerán su testigo…

Las aspiraciones son una cosa, y la realidad otra.

La elección afortunada de una pareja tampoco está al alcance de la mayoría.

Por lo tanto resulta comprensible cualquier resignación. Sobre todo, porque el azar cabrón suele escatimar encuentros entre los protagonistas adecuados.

Miguel Angel dijo...

Un texto en tu línea, es genial ver que aún queda gente sin pelos en la lengua y que ante cualquiera dice lo que piensa sin intentar sacar su mas hipócrita sonrisa.

No entiendo como según crecemos perdemos el interés, las ganas y la fuerza que tenemos y lo que defendemos cuando somos mas jóvenes..

..indiferencia? o quizá conformismo al ver la cantidad de basura que hay en este mundo y por mucha fuerza que hagamos no dejamos de ser una hormiguita mas en un sistema hostil, en el que solo viven bien los de siempre.

Saludos wapa.

Miguel Angel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lula Lestrange dijo...

Flex:

Según la escala de Mohs, solamente me raya el diamante (ya sabes, sacar dieces es de empollones)

Miguel Ángel:

tener pelos en la lengua sería un nauseabundo engorro. ¿Te imaginas el sabor de un sadwitch?

Gracias por pasar. Un besso,

4ETNIS

Anónimo dijo...

esta muy bien q de vez en cuando nos recuerden lo q fuimos y en lo q creiamos, pero tu forma de expresarlo hace q tus amigos no necesiten de enemigos. quiza te asuste la soledad, aceptar q ellos decidieron tomar otro camino. posiblemente ese camino sea mas facil, convencional y crean sentirse arropados por un sentimiento de falsa seguridad del cual ni puedes, ni quieres ser participe. el tiempo acaba colocando a cada uno en su sitio. tus ansias de hoy puede ser la desesperanza del mañana pero solo viviendolo podras saberlo.

Lula Lestrange dijo...

Misterioso anónimo de finales de febrero:

Un buen amigo mío me dijo que aunque el texto le había gustado, le parecía injusto. Y no injusto en un sentido de consideración hacia las "víctimas", sino en todo lo que respecta a la parcialidad del mismo (y subrayo la palabra "parcialidad"). Es evidente, o eso creo, que si lo único que me uniera a dichos amigos fuera lo que he especificado en el post, ni siquiera tendría sentido la existencia del post en cuestión. Pero es que lo que vivimos esa noche, en esa casa, fue tan bizarro y tan absurdo, que o escribía algo desquitándome o me deprimía a secas y en detrimento de mi estabilidad psicológica (que ya es bastante precaria como para encima ponerle lastres innecesarios). Lo que vivimos esa noche fue mucho más allá de eso que dices acerca de la seguridad existencial, fue mucho más allá de cualquier cosa que pueda abarcarse tirando de mera (o no tan mera) comprensión. La historia viene de largo, y te aseguro que he pasado cosas (porque se trataba de ellos y no de cualquier persona) que no le pasaría a nadie. Pero el cúlmen aconteció y ahora, al menos, sabiendo verdaderamente lo que hay y lo que no, creo estar curada de espanto y poder aprovechar lo que buenamente puedan o quieran ofrecerme en adelante.

Un besso,

4ETNIS