lunes, 26 de enero de 2009

cEnSoReD


Hace poco alguien me dijo que publicar las cosas que publico es, entre otras cosas, harto imprudente. Y la verdad es que si me paro a pensarlo, no me queda otra que reconocer que se trata de una observación en parte acertada. No quiero decir con esto que vaya a cambiar mi manera de hacer literatura, ni que por cautela me disponga a partir de ahora a emplear iniciales en lugar de nombres verídicos completos (sobre todo porque la alteración de los nombres, en relación a la minuciosidad de los detalles, no lograría despistar a un conocido). Si por ejemplo, alguna de las personas que nombro y vapuleo en mi último texto, se dignara entrar a curiosear, se llevaría como mínimo un buen susto. ¿Si me importa? Pssssst… pues ha habido momentos de mi vida en los que me habría importado más, la verdad, y quizá sea precisamente por eso que publico lo que publico. Me siento tan enajenada de mi entorno, que a ratos casi desseo ser sorprendida in fraganti por alguno de mis amigos para tener al menos algo que discutir. Dicho así, parecería que mis textos no son más que reclamos de atención o actos fallidos freudianos, pero no… la sensación que me recorre al escribirlos no es precisamente la de aquel que manifiesta una tendencia inconsciente a la confesión pública y no del todo voluntaria de los pecados.
Sin embargo, si algún día me diera por publicar todo esto y no quisiera que mi madre estuviese al tanto de ciertas facetas de mi vida, me vería obligada a transformar, camuflar e incluso recortar mis palabras, o a ocultarle a ella la existencia de dicha publicación. La primera opción, me parece una ofensa a mi libertad de expresión; la segunda, se me antoja un insulto a la inteligencia de mi madre. No obstante, también soy consciente del efecto que ciertas confesiones podrían producir sobre su estado emocional, y eso me preocupa.
Teniendo en cuenta que están al corriente de la existencia de mi blog casi todas las personas de las que hablo en mis textos, el hecho de que todavía me dirijan la palabra sugiere dos razones: o bien mi blog les interesa una mierda y no han entrado más que una vez hace ya varios meses, o bien su capacidad de comprensión supera todas y cada una de mis prejuiciosas expectativas de megalómana. Me inclino más por pensar que es la primera, y no la segunda, la razón de que hasta el día de hoy me haya venido librando de la lapidación, por parte de aquellos que me quieren o que fingen hacerlo al menos.
Pienso en mi producción poética hasta la fecha (porque considero que lo que hago es poesía) y no puedo evitar imaginar dos versiones de la misma: la censurada u oficial y la íntegra, que según el caso podría ser póstuma o subterránea a secas. Me cuesta imaginar qué clase de interés podría albergar la versión corrompida, exceptuando quizá el del análisis psicológico de los temores y vergüenzas que me afligen hasta el punto de hacer que mutile a mi primogénito.
Por otra parte, lo de la publicación póstuma no me hace ni pizca de gracia. Como todo joven perfectamente posmoderno y cool, soy lo suficientemente avariciosa y frívola como para que lo de triunfar en vida y disfrutar de las riquezas generadas continúe ejerciendo sobre mí poderoso e irresistible magnetismo.

6 comentarios:

Edu dijo...

He leido algo de lo que publicas, tienes un estilo de escribir agil y dinamico. El espiritu critico es de elogiar en estos tiempos cinicos y no precisamente de los de Diogenes Laercio.
Un Saludo.

nsK dijo...

Qué poco me gusta la censura, mecagoendios. Tal y como ocurre con la imagen que has elegido para acompañar tu texto, lo que censuramos para evitar que se disgusten o nos lapiden nuestras personas más allegadas... suele tener mucha miga. x__D

Dr.Krapp dijo...

Me gusta comprobar que hay alguien lo suficientemente no humilde como para considerar que el recuento de sus vivencias le puede traer éxito y fortuna. Suerte con cualquier decisión que tomes.

Lula Lestrange dijo...

Edu:

Mmmmm... siempre había pensado que el cinismo era una de las cosas más críticas que existían, pero en fin, quizá estaba equivocada. Agradezco tu elogio y tu paso por mi blog.

Nsk:

espero, por el bien de la chica, que no tuviera muchas migas en la parte que tú y yo sabemos.
No deberías ser tan duro con la censura, nene... gracias a ella, Mogambo salió ganando en morbo y perversidad (pues a los censores les pareció excesivo para los pudibundos estómagos de nuestros abuelos que Grace Kelly engañara a su marido con Clark Gable y, para suavizar la historia, decidieron transformar en hermanos de sangre al infeliz matrimonio. Lo que no explicaban era la razón de que durmieran juntos y los ataques de celos de Donald Sinden, así que el triángulo quedó de lo más gore y caricaturesco)

Dr. Krapp:

quizá debería plantearme una incursión en el mundo de la prensa rosa, jeje...

Bessos a todos,

4ETNIS

Rocío dijo...

La literatura es una obsesión (te dejo que la otra "s" la añadas tú, sé que la pondrías en esta palabra) y, como tal, debe ser tratada desde las entrañas. El que no lo entienda así y se moleste, quizás disfrutará con ella, le gustará, pero no la considerará su vida.
Queda claro entonces que no a la censura, ¿no?

Un beso, preciossa

Lula Lestrange dijo...

Rocío:

ya, ya, no a la censura, pero a ver cómo le sienta a mi madre leer que en mis ratos libres me dedico a destripar bebés y ancianas paralíticas ;)

Un besso, rubia;

4ETNIS