miércoles, 21 de enero de 2009

Intimidades brutas


Mi mente es en estos momentos una mezcolanza infame de paranoia, caos y compulsividad. Mi estabilidad se ha resquebrajado ante la amenaza de una partida y los temores a que ésta da lugar. Toda una vida intentando demostrar a los demás que soy una chica valiente, y cuando llega el momento de serlo realmente y sin necesidad de demostrar cosa alguna, me acobardo y me protejo tras la máscara de la ira y de la indignación. Y todo esto, sin lograr sentirme siquiera lo suficientemente indignada como para creerme lo que yo misma alego en mi defensa. Si al menos lograra ponerme de acuerdo con mis sentimientos y mostrarme en discrepancia real con la partida de Chechu, siendo el odio la única emoción que me embargara, podría quizá limitarme a no responder a sus llamadas y a llevar a cabo una venganza sexual. Pero como además de odio siento otras cosas de cariz diferente, no contestar al teléfono me resulta imposible porque constantemente estoy pendiente de si suena, y lo único que una venganza sexual podría aportarme sería el sentirme como una mierda ante él y ante mí misma.
Por otra parte, por mucha comprensión y tolerancia que logre encontrar en mi interior, sé que voy a ser incapaz de soportar la idea de que viva en Barcelona. Lo aceptaría de mala gana si viviera en cualquier otra ciudad, pero en esa en concreto me resulta intolerable. No puedo, no puedo y no puedo. No a ese lugar que eliminaría del mapa, no a ese reducto que tanto se me ha resistido a lo largo de los años. Sé que es catastrófico para mí, y sé que lo será para nuestra relación. Es como penetrar en el territorio de los brujos, en el único rincón del mundo en que la magia negra funciona en mi contra. Sé que es una cobardía, un infantilismo, un trastorno mental, ¿pero y qué? Toda mi vida he oscilado a lo loco entre diferentes enfermedades de la mente que han ido dejando su granito de arena en lo que se supone es la conformación de mi personalidad, y ahora quizá me toque cagarme de miedo ante la posibilidad de ser abandonada por otra persona, por otra ciudad. Y hay algo en mí que me dice que así será, y ese pensamiento me destroza más que cualquier otra cosa en este mundo. Me siento unida a ese hombre por lazos más fuertes que mi propia voluntad de mandarlo todo a la mierda y precipitarme de una vez al lago de cocodrilos que se me antoja la independencia. Me siento unida por lazos más fuertes que los que me atan a mi madre y al miedo obsesivo y debilitador a las enfermedades y a la muerte. No sé cómo afrontar el que un día ya no esté, y eso me hace sentir débil y expuesta ante mí misma. No sé como perdonarle el que su arte y sus ansias de libertad superen su desseo de permanecer junto a mí. Y me doy cuenta del núcleo egoísta, absorbente y convencional que oculta esta aseveración, me doy cuenta de que con mi actitud le estoy poniendo entre la espada y la pared (que por cierto es una de las cosas que no soporto que hagan conmigo). Pero mi terror, mis celos y mi hambre son más grandes, mucho más grandes que mi justicia. Trato de no chantajear emocionalmente, pero cuanto más intenso es mi esfuerzo más ganas me entran de amenazar con suicidarme o incluso de montar un paripé en el que finja que efectivamente me suicido. Pero con él no funcionan esos trucos y además yo me siento ridícula utilizándolos, así que sólo grito y me hago la inaccesible en un espectáculo paradójico de lágrimas y desgarros que tampoco sirven para conmoverle. Para fastidiarle, irritarle o incluso hacerle gracia sí, pero no para conmoverle. Me he dado cuenta de que me siento desamparada y vulnerable (lo cual es mucho más de lo que estoy dispuesta a reconocer) y me remuevo como una víbora fraguando para mis adentros vendetas que me siento incapaz de llevar a cabo en el estado emocional en que me encuentro.
Quizá debería limitarme a recordarme a mí misma que le quiero muy por encima de lo que haga, y que todo lo que vaya más allá de eso es puro orgullo y egocentrismo infantil. Pero en el fondo siempre he tenido una tendencia a subyugar a los hombres con los que he estado, quizá heredada y aprendida del odio y de la desconfianza que siente mi madre hacia el género masculino, y soy incapaz de tratar al hombre de mi vida como si no me debiera algo, como si fuera un igual. Eso es, me he dado cuenta de que soy incapaz de mantener una relación de igualdad. Lo que en mí parece fortaleza y desconsideración, lo único que oculta es un odio y un rencor inmenso hacia el género opuesto. De hecho, hoy me he asustado de mis propias emociones al leer un fragmento de Las Amistades Peligrosas, de Choderlos de Laclos, en el que la duquesa de Merteuil afirma lo siguiente: "sé que he nacido para dominar vuestro género y vengar el mío". En lugar de sentirme escandalizada y asqueada ante el feminismo evidente de la aseveración, se ha despertado en mi corazoncito una excitación perversa y como felina. Me he percibido excitada y reconfortada ante la lectura de la frase, y no ha sido hasta unos instantes después en que me repugnado a mí misma. Yo, que tanto he odiado el feminismo y que tantos sapos y culebras he arrojado en contra de las lesbianas militantes pro- mujer, pro- regla y pro- aborto, no tanto por estar en contra de ninguno de esos términos como por odiar la debilidad y el sentimiento de inferioridad con respecto al hombre que subyace a la declamación obsesiva de los mismos, me encuentro en mis fueros internos de golpe y porrazo con una emoción equivalente y aun más trastornada e imperdonable si cabe. Mi feminismo no es el de la lesbiana militante que por temor al hombre vuelca su desseo en la mujer, sino el de la femme fatale que por los mismos motivos se dedica a coleccionarlos y a competir con ellos en un intento desesperado por que la quieran sin condiciones y a pesar de la falta de comunicación evidente.
Darse cuenta de esto, por razones obvias, es harto descorazonador. Si bien había admirado en secreto el prototipo cinematográfico (blanco y negro) y literario (ruso y argentino) de hembra castigadora y poderosa, haber caído en la cuenta de la falta de autoestima subyacente a este rol me sume en una indefensión y un ridículo difícil de transcribir con elegancia. Creo que tengo problemas psicológicos reales, además de una serie de tendencias extravagantes que he integrado a fuerza de querer parecerme a algo contrario a lo que soy, o creo que soy. No voy a fustigarme por este motivo, pero el reinado de la diosa ha concluido y en su lugar no quedan más que rescoldos de los cuales (espero) aprender a aprender algo.
Tengo un estado mental similar al de la histérica millonaria adicta a los diazepanes y a su imagen sobre el espejo, y una voluntad pareja a la del enfermo terminal de cáncer ateo que ve aproximarse el final y no encuentra más que vacío al que aferrar su esperanza. Sé que soy voluble y que probablemente encuentre mañana alguna razón por la cual levantarme, pero acostumbrada a desarrollarme en el límite del corto plazo me resulta complicado no desesperarme. Sólo por haber escrito esto me encuentro mejor, menos estúpida, pero cuando el alcohol comience a hacer efecto y la oscuridad me abrume con su presencia quién sabe dónde quedará este ridículo y vencido consuelo.

8 comentarios:

nsK dijo...

Ese amor sin condiciones del que hablas y esa libertad que tanto ansía Chechu son difícilmente alcanzables para el ser humano "estándar". Sólo hay que mirarte a ti: aun antojándoseme que te sales del molde tanto como parece, tus condicionamientos se aferran a tus vísceras.
Puede resultar agradable jugar a ser libre, mostrarse ―paradójicamente― como la persona más independiente del planeta, como amante incondicional de la belleza en todas sus formas... pero probablemente sabes que eso es pura fachada hasta que no libramos la lucha más urgente y decisiva de nuestra vida: la lucha contra uno mismo, contra una compleja red representacional de mierda no tan etérea como podría parecer.
Restar importancia a esa lucha o ridiculizarla ―atribuyéndole la categoría de paja mental― en favor de una conducta más "sensata" no son más que excusas que nos autoimponemos para posponerla indefinidamente o, en el peor de los casos, cancelarla.

Brick de garbanzos dijo...

Vaya. No me canso nunca de esta fluidez por la que discurre tu elocuencia.

He de decir que me he reido bastante con tus aseveraciones, pues, diría que eres calcadita a alquien que me fue muy cercana. Con la salvedad de que todo lo que tú afirmas aquí no se lo había podido oir a ella.

De todas formas si te planteas aprender a aprender de esto ya basta para mandarte felicitaciones. Ánimos tambien.

Flex dijo...

Incluso si no se tratara de usted, sino de un personaje, vuelve a provocar un incendio en la lectura de este texto.

Sin embargo, en mi opinión, comete el mismo error que en el texto sobre el trabajo, se compara (o lo hace el personaje) con estereotipos que me da la sensación que desconoce.

Ni los ciudadanos de a pie son sumisos por vocación, ni las feministas son pro mujer, pro regla (ni el mayor de los dementes sería pro regla) ni pro nada…

Y mucho menos el feminismo pretende estereotipar conductas.

Sólo pretende (o ha pretendido) revindicar derechos civiles que a la fuerza han tenido que ser revindicados, no han nacido en el bosque ni por generación espontánea.

Cuando se está pillado en el amor, de poco sirven las elucubraciones sobre la lucha de géneros.

Ese amor tan pasional que describe, es un sentimiento extraño y afortunadamente pasajero, que no permite lucideces ni análisis.

Claro que, si en el escenario del amor hacen falta por lo menos 2, y uno abdica antes de que al otro se le haya pasado la enajenación, no es extraño ningún delirio. Y durante ese delirio se puede maldecir hasta las barbas de Papá Noel.

¿El amante que prefiere su vocación antes que a la amada? Ayyyy, cuantos rincones del globo habrán escuchado excusas como esas.

Consejo válido no hay.

Recomendación bienintencionada tal vez: No se flagele -o que no lo haga el personaje- e intente ver la “pasajera independencia” no como lago de cocodrilos sino de animales menos agresivos.

Y siga escribiendo con esa fuerza. Tanto con amor como con desamor, usted parece tener un auténtico volcán.

Anónimo dijo...

Hola guapa soy Pacor. Hacia tiempo que no me metia a ver tu blog. Como siempre tu blog es una gran demostración de linguistica y autenticidad. Me encanta.

A ver si este finde quedo con chechu y contigo para que me comenteis mejor lo de Barcelona xq me he quedado a cuadros. Un besote

Lula Lestrange dijo...

Nsk:

Siempre he sido mi peor enemiga en este mundo en que vivimos, carente hasta la náusea de rivales dignos ;)

Brick de garbanzos:

Sí, colega, hay repartidos por el mundo muchos ejemplares del prototipo al cual pertenezco. Si en el caso de vuestro género la definición es "macho alfa", me pregunto si "hembra omega" sería la denominación adecuada en el del mío.

Flex:
creo que has malinterpretado unos cuantos puntos, y también creo que la responsabilidad de dicho malentendido es mía y solo mía.
En primer lugar, no se trata de una cuestión de desamor sino de independencia. Si de desamor se tratase, créeme, el tono del texto habría sido bastante más amargo. Pero como entre otras cosas soy una teatrera y una exagerada, un simple viaje aparece aquí con el cariz de una despedida rotunda.
En segundo lugar, cuando hablo de lesbianas militantes y de feminismo, no hago más que ironizar con la cronificación hiperbólica y ridícula de una actitud que, bien entendida, es incluso aplaudible. Hablo de la psicología que subyace a ciertos roles, y lo hago sarcásticamente (a veces dudo de poseer más registros que ese, jajaja)

Paco- pico- piedra:

No te preocupes, que las cosas no son lo que parecen. Respecto a lo de quedar, cuando quieras y donde quieras. tanto Chechu como yo tenemos muchas ganas de verte.

Un besso,

4ETNIS

Flex dijo...

Me alegra que no sea desamor sino un simple traslado.

Desde luego tiene que haber exagerado mucho para describir todos esos síntomas tan delirantes e incluso apuntar que, de no repugnarle, recurriría incluso al chantaje emocional. Algo que no le pega a usted nada.

El hecho de que narre en primera persona y con tanta intensidad, dificulta la posibilidad de distinguir entre realidad y ficción.

En cuanto al feminismo, me da una segunda alegría.

Preferible la ironía y la exageración sobre unos colectivos minoritarios -ya que ni todas las lesbianas son feministas, ni todas las feministas son lesbianas y menos aún pro nada- que incitar a la tentación malintencionada de confundir la reivindicación de derechos legítimos con dirimir una cuestión de superioridad o inferioridad basada en la diferencia biológica.

Quien se sienta tentado de utilizar como argumento para negar derechos una inferioridad biológica, estará haciendo uso de un recurso rancio y trasnochado, impropio del siglo XXI y de cualquier sociedad que quiera considerarse avanzada.

La igualdad de derechos para ambos géneros nunca está consolidada del todo. Siempre está en peligro. En todas las partes del mundo.

Por eso mejor UN MILLÓN de veces la pesadez soporífera, que bajar la guardia ni un solo segundo, aún a riesgo de provocar todas las cuchufletas del mundo.

Anónimo dijo...

me ha gustado el texto. para mi tiene una gran complejidad sentimental. espero q encuentres una luz al final del tunel donde te mueves. poco mas puedo aportar, la mejor de mis relaciones termino en desenfreno sexual q desde mi cueva ya es algo a valorar por encima del sentimiento de empatia q tengo hacia el perro de mi vecino.

Lula Lestrange dijo...

Misterioso anónimo de finales de febrero:

me alegro de que te haya gustado el texto, porque sinceramente creo que es el mejor que he escrito últimamente. Para mí era algo tan íntimo, eso sí, y tan debilitante, que por momentos dudé en publicarlo. Pero como la pose que uno mantiene, al fin y al cabo, no es la que ocasiona la buena literatura, dejé mi megalomanía a un lado y decidí exponerme a quien a bien tuviera comprenderlo.

Un besso,

4ETNIS

PD. Yo también empatizo con los perros de todos mis vecinos, y aun con mis dos desagradecidas y silenciosas tortugas. El amor a los animales es un universal, o casi.