domingo, 10 de agosto de 2008

Instrucciones para comerse una fruta


Acabo de acordarme de cierto día en la cafetería, muy a principios de curso, en que jugué a poner cachondo a todo el mundo comiéndome una raja de melón. El poder de la imagen residía en cierta mezcla entre obscenidad y voluptuosidad elegante que surgía de mis maniobras sobre la fruta. Obscenidad, porque el jugo me chorreaba por la cara y el cuello y porque yo tengo cuerpo de chica de calendario para camioneros y es sencillo imaginarme manguera en mano en una gasolinera perdida en la autopista; voluptuosidad elegante, porque cuando quiero pongo cara de muchacha y, por alguna misteriosa razón, el zumo de melón sobre mi rostro sugería un no sé qué de verano, de zumbido y de niñas en bikini en piscinas, con gafas de corazón y boquitas extrañamente voraces y criminales.

El arte de comerse una fruta reside en comértela como si fuera carne humana y excitable, en comértela como si del pubis de una pérfida prepúber se tratase, en comértela como si mientras te la estuvieras comiendo te estuviesen comiendo a ti la pulpa corporal equivalente. Hasta el nombre del postre era sugerente: raja de melón. O la gente tiene muy poca imaginación, o mi perversidad es algo más que un toque diabólico en el rostro y en la sonrisa esbozada.

Cito a Miller, que escribe casi tan bien como yo:

Esto no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro, en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, un escupitajo en la cara del arte, una patada en el culo a Dios, al hombre, al destino, al tiempo, al amor, a la belleza… a lo que os parezca. Voy a cantar para vosotros, desentonando un poco tal vez, pero voy a cantar. Cantaré mientras la diñáis, bailaré sobre vuestro inmundo cadáver.

Mmmmmmmm… Me encanta eso de “cantaré mientras la diñáis”. Y como me encanta me inclino sobre el plagio confeso de la frase, presiono con mi índice mi orificio nasal izquierdo, acerco el otro y aspiro como si en ello me fuera la vida el blanco impoluto de la celulosa y el índigo uniforme de mis caracteres inclinados hacia la derecha en estilográfica y embarullada originalidad. Ahora sé que llevo a Miller dentro, en la sangre, infectándome de todo lo infectable, bombeando bríos y obscenidad desde mi corazón borracho y lujuriante de literatura.

Te desseo cosa mala.

4 comentarios:

Rocío dijo...

Un besso, gata.
Me alegra volver a "verte".

Te seguiré...

Lula dijo...

¡Pero qué ven mis ojos! ¡Ni más ni menos que una sirena! Prometo dejar a mi paso miguitas de pan para que seguirme te resulte más sencillo.
Un besso en absoluto escamoso,

4ETNIS

Jesu Marín dijo...

Es jodidamente bueno... jajja, me encanta como escribes

Lula Lestrange dijo...

Me alegro de que te guste, guapa.
A ver si quedamos para tomar un café (¿qué, si no?,jaja) un día de estos, y me cuentas que es de tu vida.

Un besso,

4ETNIS